Historia de Piura

Mucho es lo que tienen aún por descubrir los historiadores en este departamento, en cuyo territorio asiento de ayahuancas, huancapampas, tallanes y sechurasse encuentran vestigios que sin lugar a dudas pertenecen a tiempos muy remotos, hasta el extremo de haber inducido a algunos estudiosos a pensar que en esta parte de nuestro territorio podría encontrarse la fase más antigua del hombre de la costa. Por ejemplo en Amotape se han hallado puntas líricas y morteros que evidencian la existencia de campamentos de recolectores y cazadores; en la desembocadura del Chira habría florecido la cultura Sicches; y vestigios de aldeas sustentan la hipótesis, en la etapa preincaica, de una sociedad organizada y densamente poblada.

CONQUISTA Y VIRREINATO

Las referencias que hay sobre los pueblos de Piura en tiempos de la conquista española son aún escasas; sin embargo, sabemos que tuvieron una estrecha relación con el reino de Chimú, aun en tiempo de los incas, que los cronistas los llamaron «Lailanes» y que su lengua era el sec, sobre la cual hay apenas unos pocos datos.

Conquista de Piura

Esta lengua era al parecer un dialecto distinto al muchic o yunga que se hablaba en los valles de Trujillo, aun cuando la evidencia lingüística es tan pobre que es difícil afirmar tal cosa sin algunas reservas. Los tallanes fueron, pues, dominados sucesivamente por los chimús y los incas, y estos últimos utilizaron como mitimaes al grupo étnico de los guayacondos o huayacuntus. Se sabe que por este territorio pasaba el camino a Quito, mandado a construir por Tupac Inca Yupanqui (tramo Huancabamba, Ayabaca, Cuenca Quito). Garcilaso escribió que Huancabamba era muy grande y estaba poblada por diversas naciones que hablaban idiomas distintos y se gobernaban independientemente, guerreaban constantemente entre sí y sometían a los vencidos a duros castigos.

Los incas debieron de realizar una larga campaña militar para poder someterlos, perdiendo en la contienda cerca de 8 mil hombres. Una vez incorporados al incario, la zona prosperó, afianzándose como región agrícola.

Ése era el panorama a la llegada de Pizarra con sus soldados para emprender la conquista del Perú. Como se sabe, sus primeros contactos con los naturales de Tumbes (en su tercer viaje) fueron hostiles, y obligaron a los conquistadores a buscar lugares más propicios para ponerse a cubierto de sorpresas por parte de los lugareños.

Viendo que Tumbes no era el lugar ideal que buscaban para establecer su base de operaciones, decidieron seguir viaje al sur en busca de un sitio adecuado, y lo encontraron en el valle Tangarará, a orillas del

Chira. Allí fundaron la primera ciudad española que se erigió en el Perú, a la que llamaron San Miguel. Han circulado diversas versiones sobre los motivos de esa denominación, señalando unos que fue porque se fundó la población en el día de San Miguel; otros afirman que Pizarra quiso así agradecer un milagro, o que fue por el mercedario fray Miguel de Orenes.

Pero así como se discrepa sobre los orígenes del nombre de la ciudad, se discute también sobre la verdadera fecha de la fundación de Piura, bautizada San Miguel, lo que indujo a la creencia de que la ceremonia de fundación se habría realizado el 12 de mayo de 1532, en el día que se celebra la festividad de San Miguel Arcángel.

Con motivo de la conmemoración del IV Centenario de la fundación de Piura se ha adoptado como fecha oficial el 15 de julio. Pero el padre Rubén Vargas Ugarte sostiene que ni el itinerario seguido por Pizarra hasta llegar a Cajamarca, ni la cronología de su viaje pueden precisarse con exactitud; basta recordar que de Tumbes salieron los expedicionarios el 16 de mayo y que la fundación de San Miguel de Tangarará, en tierras del cacique La Chira, debió de tener lugar a fines de agosto o en los primeros días de setiembre. Con Piura sucedió lo mismo que con otras poblaciones fundadas por los españoles, que tuvieron que cambiar de lugar. El sitio escogido para establecer la población resultó insalubre y, aunque ya se había hecho reparto de solares para los fundadores y primeros vecinos, hubo que buscar un lugar más apropiado. Eligieron entonces los vecinos de la población los terrenos cercanos al cerro Pilán, que más tarde fueron la hacienda «Monte de los Padres», y allí se establecieron. Con el tiempo se dieron cuenta de que el lugar escogido era igualmente insalubre, por lo que en 1578 los vecinos abandonaron la ciudad para trasladarse a la zona de Catacaos, según unos, o a la de Amo tape, según otros.

La proximidad de la costa atrajo a los pobladores de Piura hacia el litoral y al poco tiempo el núcleo central de la población se había desplazado hacia Paita, lugar en el que decidieron establecerse con el ánimo de permanecer definitivamente allí, poniéndose bajo la advocación de San Francisco de Buenaventura. Una nueva amenaza se irguió contra los vecinos de esta ciudad: los piratas, que no dejaban de merodear las costas del virreinato atraídos por las riquezas mineras que se enviaban por mar a España. Cuando no las encontraban saqueaban e incendiaban los puebles indefensos.

Nuevamente se decidió cambiar de sitio la ciudad y el 15 de agosto de 1588 se fundó en el lugar que actualmente ocupa, de acuerdo con el permiso concedido por el virrey Fernando Torres y Portugal, conde de Villar don Pardo, siendo puesta bajo la protección de la Virgen de la Asunción.

Por real cédula del 7 de diciembre, el rey concedió escudo de armas a la ciudad de San Miguel, en la misma fecha que acordó similar distinción a la ciudad de Lima.

Hasta fines del siglo xvi la ciudad fue conocida con el nombre de San Miguel en los documentos oficiales pero entre los pobladores de la región era más familiar el más simple: Piura. A partir de 1590 se comenzó a llamar oficialmente Piura a la ciudad.

La alejada posición de Piura de la capital del virreinato hizo que el centro de mayor importancia del norte se trasladara a la ciudad de Trujillo. Por esto, si bien la región fue en la colonia un centro de importancia agrícola, en el que se habían radicado desde los primeros momentos familias de linaje, la ciudad de Piura no tuvo en los primeros tiempos del virreinato la importancia que han tenido otras ciudades del Perú.

EMANCIPACIÓN Y REPÚBLICA

La vida colonial apacible y tranquila de esta ciudad se convirtió en un foco de inquietud libertaria cuando los patriotas piuranos se incorporaron a la lucha por la independencia y el 4 de enero de 1821 la proclamaron en la iglesia piurana de San Francisco, en una gesta encabezada por los próceres José Lamas, Baltazar Taboada, Santiago León, Tomás Cortez, Fernando Córdova, Miguel Seminario y muchos otros. La independencia de Piura fue un ejemplo para muchas poblaciones del norte que rápidamente se unieron a la lucha patriota. Su contribución a la causa fue generosa y con la división Piura, formada por más de mil hombres, cimentaron la victoria de Pichincha el 24 de mayo de 1822.

Emancipación de Piura

Al inicio de la república sólo existían tres provincias: Ayabaca (Huancabamba, Ayabaca, Alto Morropón), Paita (Sullana, Talara y el actual departamento de Tumbes) y Cercado (Piura, Alto Piura). Wilfredo Kapsoli nos habla de un movimiento de rebelión de los colonos de Piura hacia 1825 «en el contexto de una profunda crisis económica (generada por las guerras de la independencia)», buscando la conversión de las haciendas en propiedad comunal. Este movimiento fracasó con la captura de su líder, Isidoro Palomino. Otro pronunciamiento popular se produciría en 1883 con la rebelión de los «chalacos».

En los años 30 del presente siglo Piura sufre la proliferación de bandoleros y salteadores, que establecieron su «cuartel general» en Cruz de Caña, aunque su accionar incluía desde la Solana y Lancones en Sullana, hasta las alturas inaccesibles de los cerros Ayabaquinos. Los más famosos fueron Carmen Domador y Froilán Alama; este último inmortalizado por el escritor piurano Francisco Vegas Seminario, en su novela Taita Yoveraqué.

A finales del siglo pasado se inició la exploración y explotación tecnificada de los yacimientos petrolíferos de Talara, a manos de empresas extranjeras.

La International Petroleum Company (IPC), corporación canadiense, se estableció en Perú como subsidiaria de la Standard Oil Company (hoy Exxon), tras haber adquirido en 1924 los derechos de propiedad de La Brea y Pariñas. A través de transacciones diversas, llegó a controlar la mayor parte del área productora de Talara; sin embargo, declaraba explotar un área muchísimo menor de la que realmente poseía. En 1967 el Congreso dictó unas leyes que reconocían el derecho inalienable de propiedad del Estado sobre los yacimientos petrolíferos nacionales, declarándose por tanto nulos los convenios anteriores que los otorgaban en propiedad.

Con este marco legal, en 1968 el gobierno y la IPC suscribieron el Acta de Talara, por la cual dicha empresa entregaba al Estado peruano los pozos e instalaciones petroleras, recibiendo a cambio una concesión para la operación de la refinería.

Poco después, el 3 de octubre, se produjo el golpe de Estado del general Juan Velasco, cuyo gobierno anuló todos estos tratados y declaró de necesidad pública la expropiación del complejo industrial de Talara, que fue ocupado el día 9 por las fuerzas armadas nacionales.

Entretanto, el ministerio de Energía y Minas quedó a cargo de todos los procedimientos legales necesarios para culminar con el proceso de expropiación. En 1974 el gobierno peruano, a través de Petroperú, firmó los contratos necesarios para la construcción del oleoducto norperuano, considerado estratégicamente necesario para la refinación y comercialización del petróleo hallado en la selva. Esta obra, concluida en 1977, tiene 855 km de largo, y desemboca en el terminal de Bayóvar, donde se almacena en enormes tanques.

En los años de la República, el progreso material del departamento no ha corrido parejo con el desarrollo de sus riquezas naturales. Sólo en los últimos años su capital ha comenzado una etapa de lenta transformación urbana.

Como parte de esta revaloración del departamento, se está construyendo actualmente la central hidroeléctrica de Curumuy, junto a la caída de agua del mismo nombre, a unos 12 km de la presa derivadora Los Ejidos; y en breve se iniciará, igualmente, la construcción de la represa derivadora de Sullana.

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